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IES Pino Montano

IES Pino Montano

Periódico digital del instituto Pino Montano (Sevilla).

¿Se puede inventar un país?

¿Se puede inventar un país?

Para los patriotas cutres de pandereta y cornetín que se emocionan por una bandera que no saben ni lo que representa, debo decirles que sí y que no es un fenómeno aislado. En la Historia de la Humanidad ha habido grandes ejemplos. Quizás el señor Trump debiera invertir parte de su tiempo en informarse, pero hoy nos quedaremos algo más cerca, en Europa. Es un caso que posiblemente nos resulte más sangrante si creemos que este país debe ser nuestro modelo económico y de progreso. Me temo, queridos admiradores de Alemania, que confían en una mentira de finales del siglo XIX.

Si nos retrotraemos a la Historia del Mundo Contemporáneo que muchos estudiamos en 1º de bachillerato, recordaremos aquel punto terrible de las unificaciones de Italia y Alemania. Y no. No es que la Alemania que conocemos hoy en día hubiera existido como tal en el pasado (esa es una de las grandes mentiras que contaron sus unificadores), sino que hubo un hombre que decidió que solo una Alemania unida y fuerte podría hacerse respetar en el plano internacional.

Ese hombre es el canciller de Prusia Otto von Bismarck, el mismo que dijo que las grandes cuestiones no se resolvían con hierro y sangre, no democráticamente. Fue el padre de la Alemania moderna. Pero la idea de Bismarck surgió de la nada.

Detrás tenía la labor perenne y constante de los románticos a principios de siglo y de la educación pública algo más tarde. Y los menciono juntos porque trabajaron conjuntamente en numerosos momentos. Había que justificar la existencia de una nación, la alemana, que merecía convertirse en un Estado único. A eso se dedicaron buena parte de los románticos. Fichte o Herder elaboraron teóricamente la idea, pero necesitaban algo más. Necesitaban de unos lazos que unieran a todos los pueblos de Alemania por encima de las divisiones políticas y, ante su inexistencia, ¿por qué no inventarlos? En esto contribuyeron los aparentemente inocentes cuentos de los hermanos Grimm, por ejemplo, las composiciones de Wagner sobre el Anillo de los Nibelungos o la creación de un sistema público de enseñanza obligatoria. Se creó, no puede llamarse de otra manera, un folklore llamado “alemán”, más allá de la identificación con el idioma. Una vez madurada la idea, había que integrarla en la mentalidad de los futuros ciudadanos y por ello se esforzaron a través de la inclusión de temas de Geografía sobre un país todavía inexistente. Cuidado con lo que se aprende y se enseña sin ningún filtro.

A principios de la década de 1860, la obra de los intelectuales pasó a ser una voluntad política y Bismarck jugó sus cartas para eliminar a los obstáculos que se interponían con su objetivo. Cualquier Estado necesita de unas fronteras definidas que, casualmente Alemania no tenía, pero siempre podían inventarse. A ello se lanzó Bismarck aliándose con Austria para declararle la guerra a Dinamarca, para luego luchar con Austria (tampoco demasiado, los primos austríacos eran vecinos y potenciales aliados en el futuro) y, por último, darle la puntilla a Napoleón III y proclamar la unificación de Alemania en el Palacio de los Versalles. Resulta curioso que cincuenta años después, en ese mismo lugar, la labor política de Bismarck aceptara su colapso tras la Primera Guerra Mundial. Luego, Hitler fue solo una copia sanguinaria y grotesca que pretendió sobrepasar lo conseguido por sus antecesores.

Alemania se inventó como nación, como una cultura ancestral y como potencia económica y militar a costa de pasar por encima de siglos de Historia que, simplemente, no resultaban interesantes para el relato que se estaba construyendo, un cuento de la talla de los Grimm. Podemos aprender mucho de este invento, esto es innegable, pero, ¿realmente queremos participar de esta mentira? Más de uno lo hace. Así se entiende que Merkel sea la canciller de hierro de Europa

La verdad es que con un caballero soy un caballero y medio, y cuando tengo que tratar con un pirata, intento ser pirata y medio.” Menudo era Bismarck

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