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IES Pino Montano

IES Pino Montano

Periódico digital del instituto Pino Montano (Sevilla).

Orgullo legítimo

No sé qué sentiré en mi interior dentro de pocos meses cuando diga adiós a mi trabajo y al IES Pino Montano donde he ejercido como profesor más de la mitad de mi vida profesional. No puedo presuponer ahora mi estado de ánimo. Confieso a la gente más próxima que la perspectiva no me enamora en absoluto. Afirmo a diario que soy feliz en el aula y no se me ocurre, de momento, ningún sustituto que me ayude a paliar el vacío que me producirá la jubilación.
    Probablemente es solo temor a envejecer, o lo que es peor, a saberme ya envejecido, inerte y contemplativo en una sociedad que nos necesita a todos activados y vivos para salir de su marasmo individualista y confuso.
    Pero sé una cosa con certeza. Me sentiré orgulloso de mi Centro; orgulloso y vinculado de por vida a ese motor callado pero tremendamente operativo. El barrio sería muy diferente sin su labor durante estos casi cuarenta años de existencia. Muchas generaciones han mejorado su nivel cultural y sus expectativas vitales gracias a su ayuda. Muchos hijos de familias humildes han superado el nivel educativo de su padres, han escalado a puestos de responsabilidad en la sociedad democrática, o han ocupado una plaza merecida entre los intelectuales, científicos, humanistas que la sociedad necesita, aunque a veces no perciba  esa necesidad ni valore su importancia.  
    Y como en cualquier labor humana, individual o colectiva, habremos cometido errores. La educación y la enseñanza no están sometida a reglas rígidas y eficaces siempre. Casi ningún ser humano aceptaría ese tratamiento. Es una labor en que confluyen tantas circunstancias que el error resulta inevitable. Lo único verdaderamente reprochable no es errar en este oficio, sino  obstinarse en el error.
    Hoy hago público el último motivo de  mi orgullo por formar parte de la historia de este centro educativo de la periferia de una ciudad provinciana y que lo que más valora de sí misma es su indudable apego a algunas tradiciones. Es la mía, la que elegí para vivir y supongo que para morir, porque no tengo intenciones de dejarla. 
    Vista con los ojos de quienes han elaborado esa colección de películas agrupadas bajo el título “La ciudad que vives” y de las que Fernando Rivero nos ha hecho partícipes, es una ciudad hermosa y habitable. Dan ganas de quererla un poco más, de admirarse de pronto ante una perspectiva urbana que has visto mil veces pero sin la emoción imprescindible, la emoción que uno  emplea cuando fotografía las ciudades ajenas y distantes, a la que quizás no volveremos más.
    El equipo de trabajo que ha llevado a cabo esa colección de obras de arte no solo ha hecho fotografías, no solo ha compuesto o seleccionado melodías, no solo ha pasado horas montando el trabajo definitivo, el equipo de trabajo ha impregnado la obra con su admiración por la ciudad, aunque no aparezca en las imágenes. Por culpa de esa colección, yo amo a esta ciudad un poco más y la admiro más como obra colectiva a lo largo del tiempo.
    Testigo privilegiado de su aparición, me admira, sobre todo, el escaso tiempo que han empleado en la elaboración de una obra ingente y ambiciosa.  Aunque, acostumbrado a ver a Fernando Rivero cuando alguna musa creativa lo posee con su frenesí, lo imagino sacrificando sueño y horas de descanso y condenándose a sí mismo a trabajos forzados por una buena causa.
    Solo espero ahora que el Ayuntamiento de la ciudad, al que el Centro ha hecho donación generosa de la colección, dado que tiene medios para ello, las difunda y permita que este trabajo genere a la ciudad los beneficios que, sin duda podría. Y hablo de turismo cultural, más ambicioso que el consabido paseo por las zonas nobles y las tiendas y restaurantes para guiris con escasas pretensiones y estómagos resistentes.
    Enhorabuena. Os felicito de todo corazón. Me llenáis de un orgullo imprescindible en tiempos en los que resulta difícil encontrar motivos de orgullo justificado y verdadero.

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Fernando Rivero 01/14/2017 11:38

Gracias, Antonio, por tus comentarios y tu apoyo, imprescindible, como sabes, cuando uno realiza una obra de estas características. Los dos sabemos que esto es algo que no en muchos sitios se puede hacer. En Pino Montano sí, dado el nivel de los profesorees y los alumnos que tenemos y el espíritu emprendedor y creativo que aquí todo lo impregna.