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IES Pino Montano

IES Pino Montano

Periódico digital del instituto Pino Montano (Sevilla).

Puente y aparte

Puente y aparte

Artículo prestado por el blog http://prometeoliberado.overblog.com

         Fueron buenos años. Recuerdo con infinita nostalgia aquellos días en que cruzaba dos veces el puente para ir allí a estudiar bachillerato. Me alegro mucho de haber elegido aquel instituto y aquel barrio, de los amigos que hice y los profesores que tuve, de las calles que pisé durante cuatro años, aunque tengan tan poco que ver con mi vida actual. Les tengo un cariño muy especial.

         Ellos, mis amigos y sus convecinos, no necesitaban nada de fuera, si acaso salir por la noche por Los Remedios, considerado éste un apéndice de su propio barrio. Nada había imprescindible fuera de sus acuáticas fronteras, como si ella, madre abnegada, los proveyera de todo lo necesario. Tanto es así, que en más de una ocasión les oí decir “Esta tarde voy a Sevilla”, conscientes, o inconscientes, de que son dos realidades diferentes, que, no obstante, han coexistido sin problemas durante siglos, dos realidades que se han complementado y nutrido mutuamente.

         Pero los tiempos han cambiado. Políticos locales ineptos que no están sabiendo afrontar los problemas que la ensombrecen, para ocultar sus vergüenzas han avivado una antigua querella contra la hermana y han conseguido que la gente desee romper los lazos que unen a ambas.

         Al grito de Puente y aparte. Por la República Independiente de Triana, se han echado a la calle para exigir la libertad que la opresora Sevilla les niega. Se sienten constreñidos, lastrados por una ciudad en la que abunda la chusma y se ha convertido en una rémora. Ellos, que son la crème de la crème, flor y nata y aristocracia económica, cultural y social, deben tirar de una ciudad enferma, sin redaños para progresar, que, aun así, se cree el ombligo del mundo. Ignorantes… no saben que el ónfalo se encuentra en Triana.

         Y no será por historia…, que cuando nada había extramuros, Triana ya se alzaba blanca, hermosa y omnipotente, que no de otro lugar es el célebre Rodrigo, primer avistador de América, como bien recuerda una estatua en Pagés del Corro. Y no será por cultura…, que Triana es madre y cuna del Flamenco y vio nacer a Marifé, a La Pantoja y a su primo Chiquetete, a Lole y a Manuel, a María Jiménez y al inigualable torero Emilio Muñoz; y la poesía se palpa en cada rincón de cada callejuela.

         Dos penas tienen los constructores de la patria. La primera es la carencia de un idioma propio que les permita diferenciarse del resto, para que allí trabajen sólo los que seseen o aspiren las eses finales, para que quede claro que ellos necesitan ser independientes, pues ¿qué sentido tiene hablar un idioma propio si te obligan a usar otro?  Pero no, por ahí no van los tiros, que ése es flanco débil, aunque literatura y música a Triana no le faltan; ya quisiera Sevilla poder contar con Siempre Así. No como esos poetas de tres al cuarto, los Machado, Cernuda o Bécquer, que tuvieron el mal gusto de nacer al otro lado del río. Ésos quedan fuera de los planes de estudio. También en arquitectura y en arte Triana es autosuficiente, que para eso tienen la iglesia de Santa Ana. Los niños van a estudiar cada rincón del templo, su historia pormenorizada, y se ha decidido que en Sevilla no hay cosas que merezca la pena estudiar. La otra gran aflicción les viene del río, que, pese a bañarlos dos veces, por oriente y por occidente, comete la deslealtad de regar otras tierras antes y abandonarlos después buscando nuevos lugares. Ese exceso de generosidad les parece intolerable. Con lo bonito que habría sido poder decir “Guadalquivir, río trianero…”.

         De cara a la independencia, han pensado que para solicitar el pasaporte no ha de bastar con vivir en Triana. Antes deben hacerse un análisis de ADN y demostrar así que su cepa es pura, pues hay estudios que demuestran que ellos tienen un gen especial que los habilita para contar chistes con gracia, para el cante y sus derivados, especialmente las chirigotas de Cádiz, y sobre todo para el toreo, pues ya sabemos que no hay trianero sin arte ni gracia. La otra es una prueba de trianidad. Han hecho un simulacro que les ha salido mal, porque se lo han encargado a un señor con alzhéimer y éste ha hecho preguntas que los jóvenes no han sabido contestar, como ¿dónde ponen la mejón pringá der mundo?, ¿a qué discoteca debes ir con cuidado de que no te maten?, ¿cuál es er mejón sitio der país pa’  ir a retosar con tu novia?, ¿cuánto cuesta un serranito en El Escoboná? Le han dicho que la edad dorada de La Taberna y La Tertulia ya pasó, que el Morapio, el Dragón Rojo y la Hueva de Chapina desaparecieron hace tiempo, y que vaya ahora con veinte duros a comerse un serranito, que se va a comer lo que Mahoma. El hombre todavía vive en el Patio de San Laureano. Lo de la encuesta sigue en pie, pero la quieren actualizar un poco y hacerla tipo test para que la gente no tenga que escribir tanto. Como nazis no son, van a permitir vivir allí a quienes no pasen las pruebas, si vienen a trabajar, claro; pero, evidentemente, no pueden esperar el mismo trato que los oriundos.

         Sin embargo, a pesar de ser Triana una identidad propia, ya han mostrado sus ansias expansionistas, pretendiendo anexionarse Los Remedios, Tablada y la Isla de la Cartuja. Es lógico pensar que el puente de Isabel II pertenezca a la nueva república, no en balde es conocido como Puente de Triana, así como el del Cachorro, Cristo trianero. Y como no es bueno dejar los puentes huérfanos, insisten en apropiarse del resto.

         ¿Qué es una república en este siglo sin unos buenos medios de transportes?, se han preguntado; y han decidido anexionarse la estación de autobuses de Plaza de Armas, que, estando tan cerca, bien se la puede considerar trianera. También quieren obligar a Sevilla a cederle y pagarle la rehabilitación de la aledaña estación de tren llamada de Córdoba, que para eso fueron ellos los que la desmantelaron. Sevilla ya posee ambas cosas y para Triana son imprescindibles.

         Como a tantos otros jóvenes de la ciudad, los precios de las viviendas obligaron a muchos trianeros a emigrar hacia el Aljarafe. Los próceres de Triana saben que ahí está el futuro y les ha faltado tiempo para solicitar la anexión de todos esos pueblos con la excusa de que muchos de sus súbditos habitan allí. Nueva Treviño, también aspiran a poseer Matalascañas, playa repleta de trianeros, si bien los pileños se la disputan, porque, según dicen, ellos son más y mejores; así como El Rocío, que rocieros como ellos no hay, aunque los almonteños son huesos duros de roer.

         La anexión de Los Remedios y Tablada no es cosa baladí, ya que allí se celebra la famosa Feria, que pasaría tras la independencia a llamarse Feria de Triana, como es lógico, y las canciones, que sólo pueden mencionar a Triana y El Rocío, serán conocidas como Trianeras. Los rebujitos saben mejor cuando uno se siente libre del yugo.

        Ya está todo diseñado, ya saben cómo va a ser todo en este Estado feliz, pero una nueva idea les ronda. Ellos, tan tradicionalistas y amigos de las cosas bellas, prefieren la parafernalia y el boato de la Monarquía más que ser una República insulsa más; sería, dicen, como casarse por lo civil, pudiendo vestir una iglesia. Así que han dejado que su mucha imaginación vuele libre y han creado el concepto de la Monárblica, o Republiquía –el nombre está costando, pues ninguno gusta-, es decir, un regente a quien la gente pueda votar cada cuatro años, pero sólo un candidato y siempre el mismo. Todo indica que el nuevo monarca republicano va a ser Jorge Cadaval, que su hermano ya es César. Dentro de poco, en fecha aún por determinar, comenzarán las pruebas de selección para la guardia mora del Moranco. El problema de Jorge como monarca es que con él el asunto de la sucesión no está del todo garantizado.

        Por su parte, Sevilla no está quieta. Sabe que tarde o temprano tendrá que concederles el referéndum que exigen, pero se ha reservado el derecho de confeccionar ella la pregunta. Le ha encargado el trabajo al mismo que elaboró la de la entrada, o salida -ya no me acuerdo-, de la OTAN. Y como los trianeros se creen tan modernos y se las dan de saber idiomas, se les preguntará en inglés y ellos habrán de contestar en esa lengua. Para responder negativamente bastará con escribir NO, pero la respuesta favorable a la independencia habrá de ser razonada en no menos de dos párrafos y el menor error ortográfico, sintáctico o de cohesión semántica invalidará el voto. A mí ya me han pedido, como profesor de inglés, que actúe como corrector implacable.

       Como sevillano que ama a Triana, mi primer sentimiento fue de despecho: saber que mi antiguo amor de adolescencia ya no quería saber más de nosotros me rompió el corazón. Ahora, habiéndolo razonado, veo que no hay motivos para la acritud, pues las cosas no van a cambiar tanto: quien ahora está fastidiado lo seguirá estando en el nuevo país y el Poder seguirá en las manos de siempre. Por mi parte, voy a seguir yendo a Triana a comer caracoles en Santa Cecilia cuando me plazca, o a llenar el buche con un serranito. O un pavía, ¿por qué no?; no van a ser ellos los únicos con derecho a ese manjar, que no los hay mejores que los Pavías de Triana. Si los trianeros creen que la independencia los va a alejar de Sevilla, están muy equivocados, pues la geografía manda. La diferencia es que vamos a poder salir al extranjero con más facilidad y a menor precio. Por lo demás, como dijera aquél, a mí conque no me jodan

Fernando Rivero García

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