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IES Pino Montano

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Periódico digital del instituto Pino Montano (Sevilla).

La descomposición en el sistema de partidos: Una oportunidad para repensar la izquierda

Publicado en La Revista de los Miserables


El propósito de este artículo es realizar una radiografía de dónde partió la izquierda antes de la crisis de Régimen y dónde está ahora. 
Antes de nada debemos de partir de una serie de premisas. Cuando hablamos de crisis del régimen del 78  nos referimos a un determinado momento en el que gran parte de lo constituido comienza a ser cuestionado por gran parte de la ciudadanía por diversos motivos. Uno de ellos es que el contrato social surgido en el post franquismo se había roto por arriba y en consecuencia todo el conjunto de certidumbres se habían diluido y tocaba recomponerlo desde abajo y en la medida de lo posible redefiniendo el tablero político con nuevas reglas de juego. Ese instante de agotamiento de lo aceptado y consentido podemos situarlo en el año 2011 con las masivas concentraciones que surgían de manera espontánea en las capitales de las grandes provincias. Donde existía un gran sentimiento de frustración y rabia hacía una oligarquía que había estado poco a poco acumulando privilegios y derechos en detrimento de una mayoría social que cada vez estaba más desposeída. Se identificaron a la perfección donde se situaban las grietas que se estaban abriendo en esa crisis de Régimen con una capacidad de impugnación sin precedentes.  Se visualizaba a una élite económica que en connivencia con el poder político privatizaba las ganancias en unas pocas manos, a la vez que socializaba las pérdidas a todo el pueblo cuando les iba mal. Parecía una contradicción vivir en un sistema del bienestar y que te echaran de tu vivienda, que poderes supranacionales que nadie había elegido cambiaran la Constitución,  se comenzó a plantear que la monarquía no tenía legitimidad democrática alguna, que el sistema de partidos ya no funcionaba en tanto que teníamos a unos representantes que se habían divorciado más y más de la ciudadanía, que teníamos una deuda ilegítima que no teníamos que pagar y menos los sectores populares por culpa de los abusos de unos pocos, desmantelamiento progresivo del sistema del bienestar, una independencia judicial más que dudosa, identidades culturales que se veían oprimidas, etc.
 Por tanto; teníamos un conjunto de aspiraciones desarticuladas provocadas en gran medida por el agotamiento de los actores políticos nacidos en el régimen del 78 para dar respuestas a esas nuevas sensibilidades que estaban emergiendo. Y como resultado se podía apreciar tentativas destituyentes en clave progresista que no estaban siendo articuladas en demandas y anhelos capaces de ser canalizadas en un movimiento político social efectivo capaz de transformar lo existente. 
Y de todo eso se ha nutrido una nueva concepción de entender lo político y la izquierda como instrumento teórico y práctico de construir un bloque histórico con una nueva voluntad de transformación y de resignificación de lo plebeyo. Una izquierda que ha pasado de la resistencia a la ofensiva. Que debe dejar atrás ser un saco de boxeo para ser una fuerza transformadora que cambie las condiciones de vida la gente, que pase de la melancolía freudiana a dar golpes con los instrumentos de ahora. Una izquierda que no tenga miedo a disputar con las fuerzas reaccionarias de cara a cara todo lo que merece ser defendido en clave de construcción de poder popular. Que no sea una mera yuxtaposición de siglas, sino una herramienta de autoorganización, canalización y ruptura que observe desde abajo y dentro los conflictos que se están generando. Que se refuerce con  ejemplos tan paradigmáticos como es la PAH que entendió que en un estado democrático la vivienda es un Derecho Humano y no podía ser mercantilizada para la especulación y beneficio de unos pocos. Y como a través de abordar el conflicto con autoorganización de los propios afectados y afectadas y señalando al adversario se consiguió parar ejecuciones hipotecarias, y además obligaron a todos los actores políticos a posicionarse en torno a estos abusos. Con todo lo que eso conlleva.  O la Marea Verde en la que docentes, madres, padres, personal administrativo y estudiantes se unieron para decir no a los recortes en educación y no al sistema educativo elitista. O la Marea Blanca diciendo que la sanidad gratuita y universal no podía ser cuestionada. O la Marea Granate que puso el foco en todos aquellos jóvenes exiliados porque en su país no tenían oportunidades. O el movimiento feminista que sigue manifestando que no hay transformación posible si no es feminista. 
En definitiva, la resignificación de la izquierda consiste, a mi juicio, en dar respuestas audaces a los problemas de ahora con soluciones de ahora e integrando en un único proyecto político a todas aquellas sensibilidades y tendencias que aún siendo diferentes tienen al mismo adversario y están siendo oprimidos por el mismo sistema. Y en esa seguiremos. Porque no hay nada más revolucionario que ganar.

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