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IES Pino Montano

IES Pino Montano

Periódico digital del instituto Pino Montano (Sevilla).

¿Qué le pasa a la democracia?


Parece mentira. Probablemente hace unos años simplemente nos habría parecido increíble, casi imposible. Un candidato se presenta a las elecciones y realiza una serie de promesas ciertamente polémicas que, sin embargo, no impiden su victoria en las urnas.  Una vez llegado al poder, pone en práctica todos esos compromisos que contrajo con sus electores durante la campaña, pero todo el mundo parece sorprendido cuando no indignado. Extraño, ¿verdad?
No. No se equivocan. Hablamos de Trump. De nuevo su estrategia de estar en boca de todos, aunque sea para criticarlo, da éxito, pero se lo gana a pulso. Es un político cuya primera labor diaria es contestar al opositor de turno en Twitter o aprovechar para hacer declaraciones apoyando la tortura (recomendaría la lectura comprensiva de Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de la ONU en 1975) o el veto a personas en función de su religión, ni siquiera su país de origen. Sus medidas nos retrotraen a décadas atrás, quizás no tanto en un país que ha permitido ciertas conductas de sus gobernantes que rozaban o sobrepasaban la línea de la legalidad internacional y de su propio sistema constitucional en pos de la seguridad. Cada día parece que nos levantamos con la noticia de una de sus nuevas tropelías que escandalizan a medio Estados Unidos, de las protestas que se producen y suceden por todas las grandes ciudades o la tímida respuesta de una Europa que parece erigirse como el único baluarte de la sensatez democrática. 
No se equivocan de nuevo. Hablamos de la misma Europa que construye muros ante la barbarie de una guerra en la que por cierto tenemos mucho que ver, pero por lo que parece, poco que decir y mucho menos que hacer. La misma Unión Europea que se mostró ya incapaz de mediar en el conflicto en el Este de Ucrania frente a la voracidad expansionista rusa o que no supo intervenir en una economía que hacía aguas y que horadó la confianza de sus propios gobernados. Es esa misma Europa a la que le crecen los extremismos como al moho de un viejo árbol corpulento aún pero que resiste peor las turbulencias de los tiempos difíciles. El auge de la ultraderecha que reniega del resto de Europa y, por ende, del resto del mundo supone una grave amenaza no solo para nuestras democracias, sino también para los propios valores, democráticos por definición, sobre los que se construyó la democracia europea.
No se equivocan si creen que la democracia ha sido la causante de que personas (posiblemente ellos preferirían denominarse personajes) puedan alcanzar  puestos de especial o máxima relevancia en países como Estados Unidos o que otros acaricien ya la idea de alcanzarlos algo más cerca de aquí, en Francia, Holanda o Austria. Pero sí se equivocan, por fin les voy a quitar la razón en algo, si creen que por ello la democracia es un sistema fallido. Yo diría que esa es su propia esencia: permitir la participación en política de gente como Trump o Putin, pero también del carnicero del barrio, del cartero o de la mujer independiente y moderna, de las personas corrientes y molientes.
Entre las cosas nuevas que durante mi permanencia en los Estados Unidos, han llamado mi atención, ninguna me sorprendió más que la igualdad de condiciones. (…) Entonces, transporté mi pensamiento hacia nuestro hemisferio, y me pareció percibir algo análogo (…).
Se equivocarán ahora si piensan que este texto nos es contemporáneo. Pertenece al libro del francés Alexis de Tocqueville La democracia en América de 1835  y eso que él no era especialmente partidario del sistema establecido tras la independencia de EEUU. ¿Tendrá que levantarse Tocqueville de su tumba para corregir sus palabras escritas hace casi dos siglos o conseguiremos que la democracia sea más de Juan el pescadero que de magnates sin escrúpulos y sin raciocinio, de extremistas anclados en un pasado irreal o de manipuladores de profesión y convencimiento?
Más que preguntarnos qué le pasa a la democracia actual, cada uno de nosotros debería plantearse qué se puede hacer por cambiar las cosas. Me temo que quejarnos o mucho menos cruzarnos de brazos frente al turbio paisaje de nuestros días no será suficiente para los demócratas convencidos que somos la mayoría. 

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